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Científicos canadienses descubren la dimensión espacial de las emociones
Santiago Alba Rico | Noticia 23 | 25 de abril de 2009
Hasta ahora sólo se había podido medir su duración y su in­tensidad, pero ahora un grupo de investigadores de la Univer­sidad de Ottawa ha demostrado que las emociones tienen también extensión y que sus territorios son accesibles me­diante la manipulación de ciertas proteínas fácilmente sintetizables. Algunos datos del informe presentado a la prensa bas­tan para subrayar la importancia de este descubrimiento: una angustia convencional, por ejemplo, mide 45.000 hectáreas; dos minutos de compasión tienen la extensión de España y en la modesta alegría de una adolescente con zapatos nuevos cabe todo el continente americano. El informe añade que los miles de kilómetros cuadrados de la nostalgia tienen techo y que las cordilleras de la cólera y la pasión están pobladas de selvas impenetrables. Las posibilidades que abre a la humani­dad la exploración territorial de los sentimientos y emociones son ilimitadas. Las familias pobres podrán construirse una casa en el interior de su deseo de ser ricos y ampliar su vivien­da —habilitando y amueblando un pequeño arrebato de fer­vor religioso— cada vez que tengan un nuevo hijo; los emi­grantes, por su parte, podrán viajar a sus propias ambiciones de progreso; y todos podremos cultivar tomates —y hasta construirnos una piscina— en el júbilo de una victoria de­portiva. Miles de continentes nuevos se abren a la expansión del género humano, que podrá crecer sin límites, multipli­cando con cada nuevo nacimiento el número de las tierras dis­ponibles. «Hay espacio para todos», ha declarado Jean-Pierre Cleves, director del Departamento de Innovación y Desarro­llo de la universidad. «La extensión potencial del planeta se ha multiplicado por infinito», ha añadido Howard Pearl, coordinador del equipo.
Algunos ecologistas y activistas de izquierdas han expresa­do su temor de que las grandes compañías multinacionales traten de privatizar, patentar y/o invadir las emociones ajenas. De hecho, la casa Monsanto ha empezado ya a cultivar maíz transgénico en 500.000 hectáreas de miedo mexicano; y la ca­dena hotelera Marriott, asociada con la constructora esta­dounidense KB Home, está levantando una enorme estructu­ra turística —miles de rascacielos, campos de golf y centros comerciales— en 504.565 km2 de esperanza senegalesa. Por su parte, miles de amantes en todo el mundo se preparan para defender con las armas sus orgasmos compartidos, las tierras más extensas, ricas y bien regadas del universo.
via Carne Cruda
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Científicos canadienses descubren la dimensión espacial de las emociones

Santiago Alba Rico | Noticia 23 | 25 de abril de 2009

Hasta ahora sólo se había podido medir su duración y su in­tensidad, pero ahora un grupo de investigadores de la Univer­sidad de Ottawa ha demostrado que las emociones tienen también extensión y que sus territorios son accesibles me­diante la manipulación de ciertas proteínas fácilmente sintetizables. Algunos datos del informe presentado a la prensa bas­tan para subrayar la importancia de este descubrimiento: una angustia convencional, por ejemplo, mide 45.000 hectáreas; dos minutos de compasión tienen la extensión de España y en la modesta alegría de una adolescente con zapatos nuevos cabe todo el continente americano. El informe añade que los miles de kilómetros cuadrados de la nostalgia tienen techo y que las cordilleras de la cólera y la pasión están pobladas de selvas impenetrables. Las posibilidades que abre a la humani­dad la exploración territorial de los sentimientos y emociones son ilimitadas. Las familias pobres podrán construirse una casa en el interior de su deseo de ser ricos y ampliar su vivien­da —habilitando y amueblando un pequeño arrebato de fer­vor religioso— cada vez que tengan un nuevo hijo; los emi­grantes, por su parte, podrán viajar a sus propias ambiciones de progreso; y todos podremos cultivar tomates —y hasta construirnos una piscina— en el júbilo de una victoria de­portiva. Miles de continentes nuevos se abren a la expansión del género humano, que podrá crecer sin límites, multipli­cando con cada nuevo nacimiento el número de las tierras dis­ponibles. «Hay espacio para todos», ha declarado Jean-Pierre Cleves, director del Departamento de Innovación y Desarro­llo de la universidad. «La extensión potencial del planeta se ha multiplicado por infinito», ha añadido Howard Pearl, coordinador del equipo.

Algunos ecologistas y activistas de izquierdas han expresa­do su temor de que las grandes compañías multinacionales traten de privatizar, patentar y/o invadir las emociones ajenas. De hecho, la casa Monsanto ha empezado ya a cultivar maíz transgénico en 500.000 hectáreas de miedo mexicano; y la ca­dena hotelera Marriott, asociada con la constructora esta­dounidense KB Home, está levantando una enorme estructu­ra turística —miles de rascacielos, campos de golf y centros comerciales— en 504.565 km2 de esperanza senegalesa. Por su parte, miles de amantes en todo el mundo se preparan para defender con las armas sus orgasmos compartidos, las tierras más extensas, ricas y bien regadas del universo.

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